Turismo bueno, turismo malo




 

RICARDO VILLENA

Abogado

@ricardovillenam




  Ha llegado el momento. Quizás estemos en el momento oportuno, como ya lo avanzaba el candidato del Partido Popular a la Alcaldía de Sevilla, de reorganizar, reglar, ajustar lo que lleva varios meses pidiendo una pensada importante para lograr un turismo de calidad en la ciudad de Sevilla.

  Las cifras del Delegado de Turismo hablaban por si solas, Sevilla se ha convertido en una ciudad turística por muchos motivos, sus monumentos –fundamental-, su clima, gastronomía,…, y ello arrastra a ese otro turismo –denominado- de congresos, pero también ese otro (que se podría tildar de daño colateral) que llamo “turismo de despedidas de solteros”, entendiendo este último como aquel que genera muchos ruidos y pocas nueces, muchos turistas y poco gasto, dando la sensación o llegando a la conclusión que nos encontramos ante un turismo bueno y uno malo.

  Según los datos ofrecidos por la propia administración local, la ciudad se mueve sobre los 2,5 millones/año de viajeros alojados en establecimientos hoteleros, casi 5 millones/año de pernoctaciones, lo que llega a concluir que materia prima hay.

  Ahora –que se empieza a hablar de turismo de lujo- es cuando habrá que empezar a poner las bases para, precisamente, atraer a la ciudad visitantes que tengan un alto poder adquisitivo. Pero para ello lo primero que hay que hacer es analizar porque también se viene asentando un turismo de “low cost”, de despedidas malas de solteros, que dañan la imagen de la ciudad y que ¡ojo!, es el primer enemigo que impide el paso a un turismo de calidad, o si lo prefieren del mal llamado turismo de lujo.

  No se puede compatibilizar el turismo bueno y el malo, ni apostar por ambos, entre otros motivos porque lo que a uno le gusta disgusta al otro, y viceversa.

Mientras tanto, ¡sé feliz!




Prisión permanente revisable



 

RICARDO VILLENA

Abogado

@ricardovillenam






  Cuando el Gobierno del Partido Popular aprobó en el Congreso de los Diputados la reforma del Código Penal para introducir en el ordenamiento jurídico español la llamada Prisión permanente revisable, lo que realmente estaba haciendo (obviamente, desde mi punto de vista) es tomando en consideración la demanda de una gran mayoría de la sociedad, que pensaba y piensa que determinados delitos son de extrema gravedad y, por ello, debían ser tratados de forma diferente.

  La prisión permanente revisable no es otra cuestión que una pena de prisión por tiempo indefinido y que está sujeta a revisiones (matiz importante), por las cuales el reo puede recuperar la libertad; pero cuyo objetivo fundamental reside en impedir que aquellos delincuentes más peligrosos que no han demostrado capacidad para reinsertarse en la sociedad vuelvan a esta y evitar así poner en peligro la seguridad de todos.

  Así, delitos como asesinatos cuando la víctima sea menor de 16 años o sea una persona especialmente vulnerable, asesinatos múltiples, realizados por organización criminal, contra la Corona, contra el Derecho de gentes, delitos de genocidio o de lesa humanidad, y asesinatos donde previamente ha habido violación, repito en estos casos, los tribunales podrán aplicarla.

  La pena –si se me permite la expresión- es ver como toda la oposición se ha opuesto votando en contra o se ha abstenido (como es el caso de Ciudadanos). Tengo la sensación de que cuando una medida así es respaldada por 340.000 firmas en una semana, o casi el 80% de los españoles están de acuerdo con la Prisión permanente revisable, en el fondo los partidos que votan en contra (o se abstiene, que es lo mismo) están desoyendo –en gran medida- a la mayoría de la sociedad española.

  Creo que ha llegado el momento de que todos reflexionemos para llegar a puntos de encuentros.

  Mientras tanto, ¡sé feliz!



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