Bocadillo en la playa

Bocadillo en la playa

Por Avanti.

Estamos acostumbrados a abrir nuestro buzón con el mismo miedo que los toreros esperan a Puerta Gayola a los Miuras una tarde de Feria.

Luz, gas, impuestos, “felicitaciones” del banco, publicidad y de vez en cuando  una sorpresita en forma de carta certificada de la administración para decirnos que nos quiere con delirio, sobre todo a nuestro dinero.

Nos asomamos a ese “portón del miedo” con ojitos de “padre espiando a su hija en la primera cita” a ver la sorpresa que nos llevamos.

Los Boletines de la Hermandad son de los pocos respiros que tenemos al abrirlos, los Boletines de Hermandad son un oasis dentro de tanta carta disparada contra nuestra cartera.

Digo que son de los pocos porque ayer mismo me asome con la esperanza de verlo vacío cuando vi durmiendo dentro una carta dirigida a mí, perdón, dirigida al niño que fui.

Sentí la misma felicidad y sorpresa que cuando mi madre, sin esperárnoslo, nos preparaba un bocadillo y almorzábamos en la playa.

Dentro del sobre una foto con los bordes redondeados y color “la vida pasa tan deprisa”. La imagen era digna de cualquier museo; dos nietos de la mano de su abuela. Una abuela de la mano de sus dos nietos, pura dulzura.

            Por detrás la historia de amor jamás contada con menos palabras:

                                   Mazagón (Huelva)

                       “Bueno, aquí podéis ver a Mercedes con sus dos nietos de los que está muy orgullosa, al igual que yo”

Esa carta se había tomado el tiempo necesario para hacer un viaje de más de treinta y ocho años y viajar desde Sevilla a Estados Unidos y acabar haciendo feliz a uno de esos nietos.

PD: Yo sí que estoy orgulloso de ti abuelo, yo sí que estoy orgulloso de ti. 

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