Carnaval Inmortal

Carnaval Inmortal

Por Raúl Delgado.

En la ciudad de Cádiz, el pasado viernes, con menos levante y más agua para el refresco de palomas de lavaeros y gaviotas caleteras y siendo la hora que tenía que ser, como marcaba el antiguo reloj floral que en tiempos del Sopa, existía junto a Diputación y reunida la Junta Ejecutiva del Patronato del concurso oficial de agrupaciones carnavalescas, vamos, lo que viene siendo el COAC, dictó la propuesta de suspensión de este citado concurso para el próximo año, debido a la que está liando el coronavirus. Ahora queda elevación de la propuesta a su Consejo Rector, que, si nada cambia y como se veía venir el primer premio de la comparsa “La Mar de coplas”, dictará sentencia favorable. Aunque siempre podrá pasar, como algunas agrupaciones que dejan lo bueno para el final y si el virus le da por irse en poco tiempo, reactivarse la organización del concurso. 

Ya volverá otro año el concurso, ojalá el que viene, eso lo veremos cuando el coronavirus pase de pandemia a cuplé. Ya volverán los ensayos, los nervios, los nombres anticipados, el cambio de componentes, la crítica, el alago, la rivalidad, el día de actuación, el tipo, la radio, la televisión, los foros de debates, los entendidos del racataplán y un largo etcétera. 

No hay concurso, vale, pero siempre habrá Carnaval, porque este es inmortal, no hay virus que lo frene, ni dictador que lo intente, ni guerra que lo pare, si lo llevamos en nuestra sangre. 

El carnaval es eterno, es un beso en la Alameda al son de un viejo tango, es soplo de vida, veneno de la letra que se clava en el alma, sones de una caja y un bombo que se abren paso por Columela, batalla de coplas en un tablao, la Viña de Manolo, amor que nace por febrero y se hace eterno, pasodoble que siendo añejo se repite una y otra vez en las tardes de playa, el tres por cuatro que nace en la barra de un mostrador, la letra de “Las Viejas Ricas” cantada entre amigos, opio del pueblo y para el pueblo, el habla de Cádiz, el genio de los hermanos Scapachini, dos coloretes rojos en la niña más hermosa, los niños tirando papelillos y serpentinas desde las azoteas, las genialidades del Libi, lo políticamente incorrecto por encima de lo correcto, la voz del pueblo libre, el recuerdo de unos escarabajos trillizos, o la Caleta esperando a sus autores. 

El carnaval no se puede tocar, pero se puede sentir; se puede querer y a la vez no comprender; no se deja manejar, aunque a veces parece que sí; te ata y te desata; te rabia, te encela, te envenena; como decían aquellos doce, doce mesesitos en mi corazón carnavaleando; febrero eterno tatuado en la piel que nos recuerda que todo el año es carnaval. 

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