El Derbi del Silencio

El Derbi del Silencio
Foto: Manu Gómez

Por Diego Jiménez.

Silencio, no hagan ruido que vuelve el fútbol con mayúsculas, el que todos añorábamos, el de los nervios incontenidos, las pasiones desbordadas, los enfados por las ocasiones fallidas, el de los abrazos eternos como homenaje supremo al gol de tu equipo. 

Y los equipos se asoman al gran escaparate de un derbi sin aficionados que les den la bienvenida a la salida del hotel, que los escolten en sus primeros tramos de recorrido camino del Sánchez Pizjuán, que les aumenten la adrenalina en el cuerpo que supone disfrutar de un derbi con la pasión que requiere. Definitivamente el fútbol y un derbi, sin su afición en la grada, será otra cosa, pero un derbi no. 

¿No tenían la impresión, por momentos, de estar viviendo en la gran pantalla un partido del FIFA en el que el mando lo manejaba otro y que el rostro de Ocampos celebrando el primer gol del Sevilla era el de una imagen virtual? Insisto, el fútbol sin las gradas llenas es un sucedáneo del balompié de élite y punto. 

Silencio,hombre que ha empezado el partidazo y no escucho los detalles: Lopetegui y Rubí pidiendo intensidad y presión alta, los gritos de los futbolistas se escuchan al detalle y hasta a veces, cuando lo permite la animación virtual de una afición que no está, se aprecia el golpeó de la pelota en el césped. 

Silencio, por favor, que Ocampos aparece y le ha pegado con el alma al larguero, que De Jong y Koundé han estado a punto de hacer el 1-0, que hay parada a la media hora para hidratarse, que el Sevilla domina el juego y las ocasiones. Descanso sin goles. 

Silencio, no hagan ruido que Mateu Lahoz está hablando con la sala VOR para confirmar si acertó o no, en el penalti de Bartra sobre De Jong, tan inocente como existente; el “toro” Ocampos desde los once metros la pone en la red mirando fijamente a Joel. 1-0 en Nervión. 

Más silencio, que el guión de la película te muestra a un Sevilla rocoso en defensa, dueño de la pelota y poderoso en ataque; saque de esquina de pizarra, de los que se dibujan en el FIFA, con taconazo feriante de Ocampos y poderío cabeceador de Fernando para firmar el segundo en el casillero. El Betis hasta ese momento es un juguete roto, con enormes debilidades defensivas, sin rumbo, jugando a impulsos y con tímidos intentos de llegada de Borja Iglesias o Aleñá; pero se le nota que faltan cosas, que si la pelota no fluye con sentido en el área rival es difícil hacer gol. Los de Heliópolis aparecen buscando la reacción cuando ya es demasiado tarde y el reloj no se lo quita de su muñeca el Sevilla, que se lleva su segundo derbi de la temporada que lo afianza en plaza Champions, que se distancia del eterno rival una inmensidad, 17 puntos, que celebra sobre los dos córners el triunfo con su aficion, como si ocurriera en un videojuego. Un triunfo con firma en su dedicatoria, la del eterno Marcelo Campanal. 

Silencio que se marchan del estadio vacío, unos reflexionando de si el barco lleva la ruta adecuada y el capitán adecuado al frente del timón; otros con la sonrisa que delata que el fútbol volvió 90 días después y no hay mejor manera de celebrarlo que ganando el Derbi del Silencio.

Deja una respuesta