El idioma y los helados

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Por José Muñoz Almonte

Según el catalán Albert Boadella, es un inconveniente para sus paisanos independentistas que el idioma catalán se parezca tanto al idioma español. Y es que puestos a establecer significativas diferencias identitarias, no parece la mejor opción enfrentar idiomas cuando estos comparten mayormente  la misma raíz en sus respectivos vocabularios. Son precisamente dichas similitudes idiomáticas procedentes del latín vulgar, las que facilitan la pronta incorporación del emigrante hispanohablante a la vida social catalana, llegando a dominar ambos idiomas y pasar de uno a otro sin mayor dificultad.

Ocurre, sin embargo, que no todas las palabras son entendibles para el forastero a primera vista y así, si bien para los sabores de los helados que van desde los clásicos «vainilla» o «xocolata», hasta los modernos «pistatxo» o «menta» no hay lugar a confusión, el problema aparece cuando la señora clienta pide uno de fresa al dependiente que todavía no sabe que fresa en catalán es  «maduixa». Y ahí te han pillado, nunca mejor dicho, con el carrito del helado.

Y si encima resulta que la señora es pareja de un concejal encargado de la cosa separatista, ya el problema adquiere tintes trágico cómicos de desmadre imprevisible -incluida intervención del embajador argentino defendiendo al compatriota heladero- al comprobarse la clara discriminación lingüística ejercida en toda regla por el dueño del negocio -o propietari del negoci que dirían e Tv3, en el Congreso y hasta en el parlamento europeo si alguna vez prospera lo de Albares- contra el idioma materno de la indignada señora clienta, por lo que el local es señalado públicamente en las redes sociales por el fiel mantenedor y guardián de las diferencias identitarias en una nueva versión, ampliada y corregida, de aquel «usted no sabe con quién está hablando» de tiempos pasados y de los que Boadella tanto da cuenta en sus mordaces y divertidos montajes teatrales.