Por Diego Jiménez.
Su espíritu es el espejo del SER y sus obras ejemplos de vida que demuestran que pequeños gestos se convierten en grandes acciones para hacer felices a las personas.
Hace 4 años que este humilde periodista aguarda, como un niño pequeño, la invitación de su amiga y diputada de Obras Asistenciales de la Hermandad de El Museo, Anabel Gutiérrez, para acompañar cada Sábado de Pasión a personas sin recursos o con alguna discapacidad física o intelectual de la Fraternidad Madre de Dios en La Puebla del Río, más conocida como Onuva.
Un centro del que no había oído hablar hasta conocerlos tras la primera invitación de mi querida amiga y que realizan desde Cañada del Juncal de La Puebla del Río desde los años 70, una labor impagable de atención integral a residentes sin recursos a través del Hogar Onuva en régimen de residencia.
El Amor entre la Hermandad de El Museo y las personas del Hogar de Onuva se remonta a 2008 y desde entonces, dos veces al año, en Navidad con la llegada del Cartero Real que les obsequia con un regalo y en Semana Santa con la visita a varios templos del centro de Sevilla.
Un grupo de personas que se aferra a la Providencia y ahí está la Hermandad de El Museo para tenderles la mano, cada víspera de Domingo de Ramos para que acompañados de una buena representación de la Junta de Gobierno de la Hermandad del Museo, con su hermano mayor, Ángel Casal, al frente, disfruten del aroma a azahar que desprende Sevilla cada Semana Santa y se adentran por callejuelas, adoquines y balcones que anuncian la llegada de la Semana más hermosa, para contemplar la belleza de imágenes a las que les piden que el tiempo se detenga por un instante. No corras, que no hay prisa.
El tiempo se detiene y el corazón late a mil revoluciones y el llanto de emoción es inevitable ante tanta hermosura cuando estás delante de él. Una monja reza en voz alta junto a los hermanos de El Museo, los residentes de Onuva y Sevilla entera dentro del templo de San Lorenzo. “Gran Poder bendito, danos fuerzas y ayuda a la paz en el mundo frente a tanta guerra; ayuda a tantas personas que lo pasan mal”. Y el silencio se hace oración y la oración gratitud por estar, un año más disfrutando de tu presencia, Señor del Gran Poder.
Y la tarde se hace noche cerrada en la Casa Hermandad de El Museo, donde sus hermanos abren sus puertas y ofrecen lo mejor que tienen para que los residentes de Onuva puedan disfrutar de una cena que les alimenta el alma. Y ahí dan las gracias a la Sagrada Expiración de Nuestro Señor Jesucristo y María Santísima de las Aguas por el regalo de la vida y la ayuda.
Recordaba el querido José Antonio Rodríguez en su extraordinario Pregón en el teatro de La Maestranza, la importante labor social que realizan las hermandades de Sevilla a lo largo del año, fundamentales para construir una sociedad más justa y solidaria.
Y ahí es donde quiero terminar este Rincón del Periodista de primavera con sabor a azahar e incienso. En lo exquisita de la obra de caridad que desarrolla la Hermandad de El Museo a lo largo del año. Desde su contribución cada sábado con los enfermos del Hospital de la Caridad para pasear por Sevilla, hasta su ayuda con el economato del casco antiguo para personas sin recursos, hasta la aportación conjunta que realizan con otras hermandades del Lunes Santo, con una ayuda especial en las vísperas de Navidad y Semana Santa a proyectos solidarios.
Su estación solidaria no se olvida de la colaboración económica que realizan con la Asociación la ELA para el bienestar de los enfermos de esclerosis múltiple y sus familias; la Fundación Spínola, cuyo compromiso es de una educación transformadora e integradora de la diversidad; el colegio San Pelayo de niños autistas o la guardería La Providencia en las Tres Mil Viviendas, donde han preparado un aula sensorial y contribuido en mejoras en sus instalaciones.
Inmensa labor de Providencia de la Hermandad de El Museo, al servicio del que más lo necesita.
Y entre insignias, cruces, velas y olor a vísperas de Lunes Santo, se cierran las puertas de la capilla y de su casa hermandad. El Museo, un año más, con la generosidad universal de tender la mano al que no tiene, contribuye a construir un mundo mejor con una mirada limpia y llena de caridad.
“Todo lo que salga del corazón, vale la pena”, apunta el dicho.
Pues a seguir dejándonos guiar por nuestro corazón.