Por Raúl Delgado.
Los libretos de carnaval no son solo una fuente de información rica en letras de las agrupaciones en sus distintas modalidades. No solo cumplen esa función, sino además son testimonios vivos de una historia que se recoge en sus páginas, asumiendo el papel de una prensa a veces desde la perspectiva del autor e igualmente son un recopilatorio de comercios, anunciantes de una época que muestran la realidad palpable de una ciudad.
Podemos hablar de libretos actuales, pero, atendiendo al libreto más antiguo hasta ahora documentado con referencias a Sevilla, nos centramos a principios del siglo XX, año 1904, cuando «La verdadera murga gaditana del Siglo XX», hizo actuaciones en el Café-Concierto de Novedades, que contaba con los tipos de murguistas, orquesta, hebrea, cocinero y murga infantil. Para esta participación, la imprenta de A. Monroy, cita en calle Gerona 13, hizo una tira de hojillas con el repertorio de esta comparsa, donde podemos encontrar entre otras letras, «Mazurka-Couplets» o «Paso-doble ¡Viva Sevilla!».
En esta hojilla, tenemos testimonio de una serie de comercios que dieron vida a nuestra ciudad, desaparecidos en la actualidad, como la gran camisería «La sevillana»; tienda de vinos «La bomba»; despacho de calzados de todas clases y especialidad en las medidas, de «Casto Gómez»; gran tejar de la viuda de Sánchez conocido por el «El mango»; confitería, pastelería y ultramarinos «La española»; comestibles y bebidas «La florida», de Vicente Martínez; gran establecimiento de tejidos, quincalla y perfumería «La concha de Sevilla» de Díaz y Fernández; pescadería «La primera de Cádiz», de Eustaquio Luque; establecimiento de bebidas «La nueva reforma»; «Gran tintorería» movida a vapor de José García; aguardientes y vinos de Antonio Arce; vinos de Valdepeñas, almacén de patatas y anís de Filiberto Prado; «La Cruz Verde»; fábrica de aguardientes de José Fernández Mora; conocida sombrerería de Ramón Pineda; obrador de calzados de todas clases «La malagueña», de Gómez y Díaz; panadería y pastelería «San José»; fábrica de jarabe para refrescos de todas clases de Ramón Páez; representantes de «Anis Bombita»; antiguo y acreditado depósito de camas doradas y de hierro «Fábrica de San Clemente»; cervezas, vinos y licores representado por Antonio Fernández; «La venta de Eritaña, la mejor del mundo»; sombrerería, camisería y artículos de punto «La económica»; droguería de Francisco Repiso Reina; «La nueva Europa», tejidos del reino y extranjeros y sombrerería de Manuel Morales.
Destacamos uno, que, aparecido en esa hojilla, continúa en nuestra ciudad, «El Rinconcillo, almacén de frutos coloniales del reino y extranjeros, bebidas de todas clases. Cayetano de Rueda y Arce. Alhóndiga, 4 y Gerona 32». Hoy, el bar más antiguo de Sevilla, fundado en el año 1670. Un establecimiento que igualmente se anunció en el año 1906, en el libreto de la comparsa sevillana «Las panderetas», autoría de Antonio Rodríguez Martínez «El Tío de la Tiza», con la que participó en el carnaval de nuestra ciudad, junto al resto de comparsas: «Los astrólogos», «Los diablillos», «Los espejitos», «Los pintores», «Los indios», «Los murguistas», «los herbolarios», «Los marineros», «Los húngaros caldereros», «Estrellas y luceros», «Los viejos» y «El gorro frigio».
Gracias a estas hojillas o libretos de agrupaciones carnavalescas, podemos conocer esa historia de nuestra ciudad, olvidada en los libros, pero que fueron de gran importancia para entender el presente de esta.