El Sur se desprecia a sí mismo

El Sur se desprecia a sí mismo

Por Javier Compás.

Veía hace unos días en el muro de Facebook de Juan Lebrón una entrevista… bueno, más bien un monólogo, de Jesús Quintero, el Loco de la Colina (si no lo aclaro igual hay quien no lo conoce por su nombre), en el que entre otras muchas verdades como puños, trufadas, eso sí, con ciertas boutades muy quinterianas, decía que Canal Sur no debería llamarse así, que el Sur es un concepto demasiado amplio, que se debería llamar Andalucía Televisión.

Bueno pues tomo esa expresión de Sur para referirme “a lo nuestro”, quizás también deberíamos incluir a Extremadura en ello, me explico. Reflexionaba estos días sobre las secuelas de la reciente gala, por llamarle de alguna manera, de la presentación vía Internet este extraño año, de la Guía Michelin para España y Portugal 2021. Han sido escasas y poco ruidosas las protestas en redes sociales de gente de la gastronomía andaluza en general y sevillana en particular, sobre la pobre representación de restaurantes destacados con las famosas estrellas en nuestra región.

En la misma línea, es proverbial la poca cuenta que las mejores revistas especializadas y guías vinícolas del mundo, echan a los vinos andaluces, sobre todo a la clamorosa ausencia de listados donde los espectaculares vinos del Marco de Jerez o Montilla – Moriles estén presentes. Pero en este caso creo que es más por ignorancia que por desidia. Los anglosajones, tanto británicos como estadounidenses, que son los más influyentes comunicadores del mundo del vino, no tienen verdadera idea, aunque últimamente algunos intenten disimularlo, de la dimensión de una solera antigua de un amontillado o de la grandiosa rareza de un gran Palo Cortado.

Todo ello me reafirma en una conclusión a la que llegué hace tiempo y no precisamente solo por el mundo de la gastronomía, sino por el mundo profesional en general, aquí la mayoría cuando viene en viaje de trabajo tiene el chip más en modo juerga que en modo seriedad laboral, y lo hacen así porque en parte piensan que es lo que nosotros hacemos y es lo que toca cuando están a más de quinientos kilómetros de Madrid o a mil kilómetros de Barcelona o Bilbao. No nos toman en serio, porque piensan, quizás con razón en muchos casos, que nosotros no nos tomamos en serio a nosotros mismos.

Y la culpa de todo ello la tienen los “graciosos” de siempre, los paisanos que venden esa imagen de “que esto es lo mejor del mundo” y “que no se pué aguanta tanto arte”. Y un carajo, con perdón. Tenemos ese constante complejo de inferioridad, esa lacra de ser los “agradaores” de los señoritos del Norte, que son los que lo hacen bien y los que “entienden de todo”. Y nos les echemos toda la culpa a nuestros politiquillos locales, pobrecitos míos, tan catetitos y tan limitados, bastante tienen con vivir a cuerpo de rey a nuestra costa.

Aquí no nos creemos lo bueno que somos ni, por tanto, lo vendemos, NOS AUTO LIMITAMOS. Queremos que las administraciones lo hagan todo, somos una región de plañideras que siempre están llorando a los poderes políticos para que les de dinero, para que les hagan las promociones gratis, para que los lleven de ferias y congresos. No gastar, no invertir, no buscar la excelencia, solo exigir y pedir.

Por eso tampoco tenemos comunicadores influyentes en el mundo gastronómico, porque ni siquiera los medios de comunicación que sí tienen posibilidad de pagarlos los (nos) tienen en cuenta, cubren el expediente con becarios y aficionados, con amiguetes que “entienden de bares” o, en el colmo de la desfachatez, ellos mismos, los directivos de esos medios, se dedican al gozoso arte de la comunicación gastronómica que eso de ir de tapitas y comilonas a todos nos gusta. Luego se les cae la baba cuando viene el relumbrón de turno, el señor estirado y sabelotodo que llega en el AVE a darnos lecciones y a “descubrirnos” sitios y productos que, de no ser por ellos claro, nadie conocería. Y a los de aquí les brillan los ojos con los que, sabiendo lo mismo o menos, escribiendo igual o peor que algunos, vienen a sentar catedra y a que los lugareños los paseen por nuestros restaurantes.

A mí ya me coge muy mayor y un tanto cansado todo esto, pero a los que vienen detrás, si es que hay alguien en realidad, les recomiendo que se ponga las pilas, que no espere el maná ni de los políticos ni de los de arriba del mapa, que sea autentico y fiel consigo mismo, total, al final va a conseguir lo mismo, a no ser claro, que tenga la habilidad de algunos trepas y chanchulleros que si han sabido buscar el camino, pero esto es otra historia.

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