La ley del más fuerte

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Por Miguel Ángel Vázquez.

Estamos observando cómo se desmorona todo el entramado institucional construido tras la Segunda Mundial. No despinta mucho lo que está perpetrando Donald Trump con lo que hizo Adolf Hitler hace prácticamente un siglo: expansionismo, persecución y exterminio de grupo humanos, uso desmedido de la propaganda y la imposición de la máxima totalitaria del “o conmigo o contra mí”. La masacre en Gaza, la intervención en Venezuela, la guerra de la mano de su socio Netanyahu contra Irán, las amenazas de ocupación de Cuba, sus reproches a sus potenciales aliados porque no le bailan el agua… Con España la tiene tomada por el mero hecho de hacer valer su soberanía y no pasar por el aro de sus caprichos y extravagancias.

Las ínfulas imperialistas de Trump nos están devolviendo a la ley de la selva. Se pisotea el derecho internacional, se actúa al margen de los organismos multilaterales, y se imponen las soluciones unilaterales que responden a intereses económicos de Estados Unidos y de ambiciosas multinacionales. Ya lo ha dicho sin ambages el sheriff del tupé naranja: “Cuando los precios del petróleo suben, ganamos mucho dinero”.

El presidente norteamericano ha puesto la economía mundial al borde del colapso al desatar una guerra sin prever ni la duración ni los efectos del conflicto. Ahora, cuando el rey desnudo se ve atrapado en su propio laberinto, ha pedido a Europa que le eche una mano para desbloquear el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el veinte por ciento del crudo que se vende en todo el mundo. La respuesta de la Unión Europea ha sido unánime: “Esta guerra no es la nuestra”. Por lo menos, por esta vez el Viejo Continente ha alzado su voz. Se abre un ventanuco a la esperanza.

Trump ha pegado un manotazo en el tablero de Oriente Medio y Próximo con la excusa de derribar el régimen despótico y represor de los ayatolás, una tiranía que merece ser removida, pero con herramientas democráticas y respecto al ordenamiento jurídico internacional. Cada vez que la arrogancia belicista de mandamases estadounidenses los ha llevado a entrar en países como elefante en cacharrería sólo ha provocado muerte, destrucción y estados fallidos. Ahí están los casos de Irak o Libia.

La ley del más fuerte nunca es la solución. Al contrario, la prepotencia suele agravar los conflictos. Ya podrían haber aprendido los estadounidenses de sus fiascos en Corea, Vietnam o Afganistán. No hay mucho margen para el optimismo con la vuelta a la negociación, el multilateralismo y la diplomacia. Trump es de piñón fijo. Es más, se ve como un elegido por dios, un profeta fanático nos quiere imponer al resto su visión de las cosas.