Por Ramón Guillén.
Imborrable. Inolvidable. Inimitable…
Pónganle el adjetivo que quieran a aquel incidente protagonizado por un entrenador que vivía el futbol con la pasión más grande que se ha visto nunca en un terreno de juego…
Frase que se ha hecho canto en el Sánchez Pizjuan y que merecería un sitio en el estadio como tienen las de “casta y coraje” o “dicen que nunca se rinde”
Vivimos épocas convulsas en nuestro amado Sevilla F.C. Vagando por la medianía de la clasificación con mas pena que gloria, viendo a un equipo destartalado, sin la mínima actitud de lucha en ocasiones, cuando más necesario es apretar los dientes y remangarse las mangas.
Sevillistas más preocupados de lo que pasa en el palco o zona noble, que ya no lo es tanto, testigos de luchas cainitas, familiares y de consejeros que solo son sucedáneos de garrafón de aquellos que si nos dieron la gloria cuando peor estaban las cosas.
Hoy la indigencia mental esta instaurada bajo la visera, justo en la parte de enmedio de preferencia, delimitada por las barandillas del palco.
Pero nosotros, los cuarenta mil fieras que vamos al campo, los que vamos con el corazón en un puño mirando más la clasificación y lo que hacen los otros sin gloria pasada, no podemos olvidar de donde venimos…no podemos olvidar al argentino gritando aquello de los coloraos son los nuestros, enrabietado, enfadado y con la sangre roja inyectada en sus ojos de ganador.
Y hay una cosa más importante y que a veces, desesperados de tanta medianía, olvidamos también los Sevillistas…olvidamos que los que llevan el escudo bordado en el pecho son los nuestros, son los de colorao, aunque jueguen aquí siempre de blanco.
¡No se le puede pitar a un tío que lleva la camiseta del Sevilla Futbol Club en el césped del Sánchez Pizjuan!
¡Son los nuestros! ¡Los de colorao!
Está ahí defendiendo más de un siglo de historia. Es de los nuestros…. Aunque no tenga la calidad que todos quisiéramos que tuviera, aunque no sepa como interpretar las decisiones que toma el entrenador de turno desde el banquillo, aunque tenga delante a un rival del que no se va nunca o que se le escapa siempre…es de los nuestros.
No se le puede silbar ni insultar ni protestar…es de los coloraos.
¡Claro que yo quisiera también que Carmona fuera Alves! ¡Y que Agoume fuera Poulsen! ¡Y que Gudelj fuera Koundé! Pero son los que tenemos ahora y llevan el mismo numero de aquellos otros y juegan en la misma posición…No se le silba a un jugador del Sevilla FC!
Los silbidos a los del palco. Culpables de todo. A ellos hay que dirigir la rabia, el enfado y el desprecio. Solo a ellos.
Leo que los jugadores han tomado aquella frase como conjura para salir de donde estamos y crear la atmosfera para llevar cuanto antes al equipo a posiciones mas “tranquila”
Unámonos a ello. Mientras ruede el balón en el Pizjuan, que el miedo lo sienta el contrario. En definitiva, todos somos de los coloraos….de los nuestros.