Por Antonio Jiménez-Riquelme.
Hacía mucho tiempo que no escribía, no porque no quisiera, sino porque la podredumbre actual de nuestra Entidad, sinceramente, le quita las ganas al más pintao, por muy sevillista que seas, de escribir de nada ni de nadie. Pero un banquillo coriano de Oro como Don Manuel Cardo, merecía que volviera y le dedicara unas letras.
Manolo Cardo, el gran entrenador de los 80 de un Sevilla F.C., canterano, tan histórico como humilde, poco campeón -o nada- y azotado económicamente por la losa que suponía terminar de pagar y cerrar los goles del Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, con visera mundialista de preferencia incluida.
Recuerdo aquel debut de Cardo en Zaragoza como si fuera ayer, en aquella Romareda, ahora derruida para hacerla nueva de cara al Mundial de España 2030, donde el Sevilla F.C. de Manolo Cardo se paseó con unos espléndidos Carlos Alberto Pintinho y Francisco López Alfaro. 1-4 ganó y recuerdo escucharlo en Radio Sevilla (felicidades por el Centenario a la radio) junto mi primo Juan Carlos en Triana, en uno de los últimos corrales de vecinos con cuarto de baño común que quedaban en el arrabal y donde vivía mi tío Juan, junto a los futbolines de San Jacinto y la pastelería Filella, todo ya desaparecido, claro.
O cómo aquel Sporting de Portugal vs Sevilla F.C., en Lisboa -foto que ilustra este artículo- nos costó la eliminación 3-2 tras encajar un gol en propia puerta (1-1 en la ida) muy pasado el tiempo reglamentario, que con el empate a dos nos clasificaba por el valor doble de los goles fuera de casa, pero… cayó eliminado el once de Manolo.
Aquellas alineaciones de Cardo tan reconocibles con Super Paco, luego Paco Buyo: Nimo, Ricardo Serna, Antonio Álvarez, Curro San José, Francisco, Pintinho, Enrique Montero, Santi, Lopez, Magdaleno y banquillos con los Grande, Curro, José Luis, hermanos Choya, Zambrano, Ruda, Estella, Juan Álvarez, Peirano, César o Moises, cuando no ganábamos nada, ni llegábamos a las rondas finales de la Copa de la Uefa -si de vez en cuando nos clasificábamos- o la Copa del Rey, pero jugaban al fútbol como los ángeles y lo más importante, no nos frustrábamos tanto por conseguir títulos que no soñábamos y luego llegarían, pero eso sí, disfrutábamos como niños de un Sevilla F.C. tan corajudo como barroco en un Nervión inexpugnable para Real Madrid, Barcelona, Athletic Club, Valencia o Atlético… los otros grandes.
Esta mañana te entierran Manolo, que la tierra te sea leve ¡Sevillista!.