Primavera… ma non troppo

Primavera… ma non troppo

Por Miguel Ángel Vázquez.

Segunda primavera bajo los efectos de la pandemia. La llegada del equinoccio anterior nos cogió en nuestros domicilios por mor del severo y obligado confinamiento ante un enemigo desconocido e imprevisible. Con muchas víctimas y con una dolorosa enseñanza, en el recién acontecido inicio de estación nos encontramos en una suerte de desescalada, pendientes de los avances de la vacunación y de la recuperación de la tan ansiada normalidad a partir del solsticio de verano.

Aunque se acumula la fatiga pandémica después de un año de extraordinario sacrificio que ha cambiado nuestros hábitos y nuestras relaciones sociales, el horizonte cercano de, parafraseando el himno de Andalucía, volver a ser lo que fuimos, o vivir con arreglo a nuestros usos y costumbres de siempre, ayuda a transitar por esta emergencia sanitaria y socioeconómica con un punto cierto de esperanza. La tan recurrente luz al final del túnel cada vez está más cerca.

En estos tiempos de Covid, la primavera pierde una parte de sus encantos en Sevilla. Por segundo año, las fiestas mayores quedan en suspenso… y pensando ya en la próxima edición para cobrarnos el disfrute perdido o preterido. La distancia social, fundamental para evitar la expansión del dichoso virus, aplazará el bullicio de las calles tan característico de estas fechas. La imprescindible mascarilla, ese escudo inexcusable de protección y de solidaridad con los demás, nos priva, o cuando menos nos atenúa, de embriagarnos con la fragancia de azahar, una de las señas de identidad de la primavera hispalense.

La responsabilidad colectiva nos obligará a pasar más tiempo en casa aplazando los contactos sociales y las cervezas con amistades en el Salvador, la Alameda o el Tremendo, los bailes en el Real de la Feria o las aglomeraciones en los puntos estratégicos de la semana grande de pasión. Todo sea por evitar la fatídica cuarta ola que ya se propaga por Europa y evitar que nos fuerce a aplicar el freno de emergencia al alivio en marcha de restricciones, como ya ha ocurrido Alemania, Italia o Francia.

La primavera la sangre altera, y en Sevilla más, pero este año nos toca reducir el bullir de los glóbulos rojos, bajar las pulsaciones, constreñir nuestras ansias de ‘juerga’ y resistir la tentación de una época en la que la ciudad explota en una sinfonía de luz, aroma y colores. Tiempo de contrastes entre el estallido meteorológico de la naturaleza y la necesaria contención ciudadana ante la situación sanitaria. Como escribió Antonio Machado: Mi corazón espera / también, hacia la luz y hacia la vida, / otro milagro de la primavera. El verano está ya a la vuelta de esquina.

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