Que el adiós no sea para siempre

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Por Raúl Delgado.

Dice adiós. Quién sabe si volverá, solo el tiempo lo dirá. Dice a Dios a la chirigota ese Dios Baco que siempre fue un niño de sonrisa eterna y que nunca quiso crecer. Hizo grande a la chirigota en Carmona y en Sevilla dijo aquí estoy yo, para agradecerle a Cádiz que un día le diera la llave de la puerta chica del Gran Teatro Falla. Un canijo que no lo era, con un corazón tan grande que un día explotó en mil papelillos. Dice que se va el niño que hizo feliz a los niños, ese que mostró la verdadera cara de esos personajes de Walt Disney, que nos recordaba nuestra infancia y por unas chuches nos ganó para siempre su cariño. Dicen que el foam por un tiempo fue su amante, pero a él no le hacía más tipo que el que lleva por siempre cosido por un levante loco, una tarde en La Caleta. Dice adiós el por siempre eterno por más que un Chernóbil quisiera acabar con su cuerpo. Dice adiós el chico de las 3000, el que declaró su amor a una caballa asá, el pibito pijo sieso para muchos, al que muchos que no entendieron, que como este que le escribe, como a él, también nos enamoró Cádiz y su carnaval. Dice adiós a la chirigota, su confesora, su amante, su niña por siempre enamorá, esa que remataba en el final del popurrí, con las letras más hermosas que solo se pueden decir a la que tanto se ama. Dicen que cuelga sus tipos, que los deja frente al balneario. Les da un besito, quién sabe si será un hasta luego. Antonio, escribo todo esto seguido porque no tendría apartes para agradecerte siempre que cada una de tus chirigotas, haya escrito también la historia de nuestras vidas