Por Miguel Ángel Vázquez.
Los pisos turísticos han proliferado como setas en Sevilla. Apenas si quedan calles en el casco histórico sin este tipo de establecimientos. El centro de la ciudad se está convirtiendo en un parque temático por la presencia masiva de turistas y la huida de la población autóctona por la carestía del precio de la vivienda, ya sea en compra o en alquiler. Esta dinámica sin control amenaza con transformar la capital en un escenario de cartón piedra, sin alma, deshumanizado, sin valores. Una ciudad no es sólo patrimonio y oferta de ocio, una ciudad se define por sus gentes, por sus modos de vida, sus costumbres, sus inquietudes y su idiosincrasia.
Por la presión social (y del sector hotelero), el Ayuntamiento aprobó a finales de 2024 una limitación de viviendas para uso turístico a un máximo del diez por ciento en cada uno de los 108 barrios de la ciudad. Una medida que, en teoría, pretendía poner freno a este tipo de alojamientos en zonas saturadas como el Casco Antiguo y Triana. Un intento de regulación de todo punto insuficiente que demuestra que el alcalde capitalino, José Luis Sanz, abordaba esta problemática de forma timorata y sin convicción. La norma, aprobada por el PP de la mano de Vox, no convenció ni a la oposición ni a la patronal de la hostelería.
Sevilla cuenta hoy con casi 10.000 pisos turísticos, más de 2.500 más desde la llegada de Sanz a la Alcaldía hispalense, según datos del Registro de Turismo de Andalucía. Uno de cada tres nuevos establecimientos ha abierto sus puertas durante este mandato del regidor del Partido Popular. La ordenanza parece a día de hoy papel mojado ante la dejadez y la apatía del consistorio. Mientras que Sanz y su equipo miran hacia otro lado, cada vez se hace más difícil acceder a una vivienda en muchos barrios de Sevilla.
El descontrol es absoluto por la incompetencia o por la parálisis municipal, o por las dos cosas al mismo tiempo. El Ministerio de Vivienda ha señalado a Sevilla como la ciudad española con más pisos turísticos ilegales. Nada más y nada menos que 2.289 alojamientos que no cumplen los requisitos. El dato debería sacar los colores a los mandatarios de la Casa Grande.
Qué lejos quedan las proclamas de Sanz cuando aspiraba a alcanzar la Alcaldía. Del “en Sevilla no cabe ni un piso turístico más” ha pasado a ponerse de perfil y lavarse las manos como Pilatos, quizás “para favorecer a cuatro amiguetes”, como denuncia la oposición.
Sanz llegó al cargo a lomos de la mentira. No es que no haya cumplido con el freno a los pisos turísticos es que ha olvidado la inmensa mayoría de sus promesas. La ciudad se ve mucho más sucia, los barrios están abandonados, las soluciones llegan tarde y mal como los toldos de la Avenida de la Constitución… Y para colmo también reacción lenta, con pies de plomo, ante la gripe aviar… Como si el virus hubiera afectado también al pájaro de logo del PP. Suma y sigue.