Ssshhhhh!!! Silencio, paso a Don Blas Infante

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Por Raúl Delgado.

Ssshhhh, silencio, silencio, que han llegado el saetero y el patriota, juntos, de la Andalucía más profunda, de esa que parecía dormida y callada para muchos, pero que ahora se ha vuelto valiente, ha sacado pecho y ha dicho aquí estoy. De chirigota y comparsa dicen que va cantando por calles y plazas, desde un balcón se escucha una saeta, que desgarra la palabra con el verde y blanco cosido en la piel del alma.

Como el resultado después de la peoná, como el agua fresca del botijo después de la faena, así ha llegado la provincia de Sevilla a un carnaval de Cádiz hasta ahora, para muchos, como el cortijo del señorito, que solo se creía que la tierra solo a él le pertenecía. Mandaron callar, estos sevillanos de San José de la Rinconada y de Alcalá de Guadaíra, plantaron su bandera, esa que no gusta más porque sea más bonita que ninguna, sino porque representa una tierra, unos valores, una libertad que nadie puede quitarles.

Llegaron a Cádiz esos provincianos, no ahora, sino hace ya muchos años, cultivando la semilla sobre las tablas del Gran Teatro Falla, esa que regaron con sudor y lágrimas, como buenos andaluces. Llegó humilde Don Blas Infante, padre de nuestra patria andaluza, que agarrado a sus ideales contemplaba el paso de una Hermandad de hombres y mujeres, que cubrían su rostro como a los andaluces le cubrían el suyo aquellos que querían hacer que estos fueran solo sus payasos de feria y verbena. Hermandad que se paraba cuando el saetero cantaba rezando.

Y no fue ni una, ni dos, sino cuatro veces, las que pudieron verse en ese balcón esos saeteros que con la pena der Manué, muchos se preguntaron, ¿quién anda ahí? Sin acordarse de aquella Susana LaVisky y Estefanía Chohoneva, con las que empezaron su caminar hace ya más de veinte años. Y no fue ni una, ni dos, sino cuatro veces las que vimos nuestra Arbonaida, libre, orgullosa, valiente, sostenida por hombres que salieron a la calle a gritar orgullosos de sentirse andaluces.

Y juntos, saeteros y patriotas, chirigoteros y comparsistas, caminaron dejando huella. Primero y tercero, premios para quienes contra todos y contra todo, pusieron su nombre en los libros de historia del carnaval.