Truman y los bares

Truman y los bares

Por Javier Compás.

No me refiero al 33 presidente de los Estados Unidos, sino al tranquilo perro que da nombre a una magnífica película española que repusieron este domingo 18 de octubre en La 2 de TVE. Pero no se preocupen que no voy a hablar de presidentes, ni de perros, ni tan siquiera de cine, bueno, esto un poco sí. Quiero decir que la película, que se desarrolla en Madrid, salvo unas escenas en Ámsterdam, con unos magníficos Javier Cámara y Ricardo Darín, se desarrolla precisamente y, en su mayor parte, en bares y restaurantes, incluido un coqueto café de la ciudad holandesa.

La emotiva película nos enseña un Madrid del centro, con sitios conocidos y entrañables, para mí, como la popular Casa Pueblo. Lo que quiero decir con todo esto es que la película nos muestra como el encuentro en los bares y restaurantes, para comer, tomar una copa o simplemente un café, es la principal forma de socializar de los españoles y de los que llegan aquí y se integran plenamente en nuestra forma de vida, como es el caso de los argentinos de la película (que es una coproducción hispano – argentina), Ricardo Darín, su hijo y Dolores Fonzi, la preciosa y preocupada Paula.

Conversaciones intimas entre los dos amigos, compartiendo platos y vinos, en lugares donde se producen encuentros entre conocidos. Cafés con unos y otros, incluso para hacer “negocios”, o adoptar al perro en este caso. Y por supuesto el bar nocturno de copas, ese sitio para ligar, para bailar junto a la barra, añorados tiempos de la “normalidad de siempre” que espero regresen lo antes posible. Por cierto, la película es de 2015 pero aún se fuma en los bares, una “licencia poética” muy cinematográfica.

Lo que he querido entonces reflejar en este artículo es que, al margen de los meros valores cinematográficos de la película, que los tiene y muchos, la misma muestra de manera natural y convincente como la vida social en, este caso Madrid, pero podría ser cualquier otra gran ciudad española, se desarrolla en los bares, en los restaurantes, esos sitios que nos acogen, nos alimentan el alma y el cuerpo, nos permiten compartir una copa, un café y una agradable, o no tanto, conversación. Hay por ahí un anuncio que dice “nos vemos en los bares”, ciertamente, y ojalá que pronto nos podamos volver a ver sin las molestas restricciones actuales.

Solo una cosa más, esta para los políticos, no maten a la hostelería, es nuestro hábitat natural.

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