Por Antonio Jiménez-Riquelme.
Un viejo socialista me decía hace unos años “qué ingrata e injusta es nuestra ciudad a veces. Ahora reconocen y valoran lo que hizo Alfredo al frente del Ayuntamiento, ahora que ya no es el Alcalde de Sevilla…”
No voy a contar las cosas que viví en privado contigo, Amigo, queda para nosotros, pero si recordaré cuando hacías y proyectabas la ciudad que hoy disfrutamos, las barbaridades que te decían y cómo la Sevilla rancia te intentó buscar las vueltas -que jamás pudieron encontrar, porque no tenías dobleces- y cómo en tus últimos años de vida, cuando estabas pasándolo tan mal, cómo, ironías de la vida, la gente anónimamente y los que antes te criticaban y zaherían pública y privadamente, no han tenido más remedio que reconocer tu legado para las generaciones venideras de sevillanas y sevillanos. Ahí están las Setas de la Encarnación, las peatonalizaciones de la Alfalfa, Constitución, Asunción o San Jacinto, los cientos de kilómetros de carril bici, las miles de viviendas de VPO entregadas o el tranvía a Nervión… porque como tú bien decías “Sevilla son sus barrios”.
Qué gran Alcalde de Sevilla se nos ha marchado… fíjate Alfredo, que hasta mi Sevilla F.C., te reconoció ayer con un minuto de silencio ejemplarizante en Nervión… con lo bético que tú eras, mi querido Amigo. Las cosas de Sevilla, nuestra ciudad en estado puro.
Ayer también recordé en el Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, que tantas veces honraste desde su palco, cuando bromeábamos por ser el Alcalde bético más querido por los sevillistas… de la de títulos sevillistas (Uefas, Copas del Rey, Supercopas) que habías recibido en el Ayuntamiento de todos los sevillanos.
Gloria y honor, querido Alfredo.
Descansa en paz, viejo Amigo.