Hijo del agobio

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Por Raúl Delgado.

Volaré por las estrellas una a una,

en el brillo de tu cara y tu mirar.

Pediré al sol que toda mi fortuna,

sea un rayo perdido en alta mar.

Se marchó el último guerrero, el último hijo del agobio y del dolor, el hombre que se retiró a Los Caños de Meca para alejarse de todo, el que pidió al tiempo que no pasara tan pronto por él. Allí, su playa, su gente, sus guitarras, su música y su vida con una única banda sonora, la música de aquel grupo que, junto a Jesús y Tele, hicieron inmortal a Triana.

Porque Triana te gusta o no te gusta, es como Cádiz y su carnaval, no hay medio camino, es un grupo del que, para saber su historia, Luis Clemente y Pablo Selma, dejaron por escrito todo lo que hay que saber de este grupo y que todo amante de este género musical, Rock andaluz, Rock Progresivo, como definieron Ricardo Pachón o Gonzalo García Pelayo, debe tener en su biblioteca.

Y se fue Jesús en aquel fatídico accidente de carretera, después Tele y ahora el último bohemio, el de la voz rota y desgarrada, al que le brillaban los ojos de una forma especial cada vez que en su memoria el recuerdo de Triana se hacía presente.

Y como Rodway decía, el grupo murió cuando Jesús se marchó al lago para siempre. Ahora, otros que usurpan el nombre de Triana, van dando tumbos por pueblos y ciudades, cual defensores de algo que nunca fueron. Si, la justicia dictó sentencia, pero Triana no son ellos.

Triana era Jesús, el grande, el de la calle Feria, el de la voz única que nunca renunció a su acento andaluz; Tele, quien manejaba como nadie el ritmo de la bulería en la batería y Eduardo a la guitarra, que no se comprende sin ella, que acariciaba como a una mujer de la que siempre estuvo enamorado.

Triana, la del patio, donde los hijos del agobio vivían entre sombra y luz esperando ese encuentro que presagiaba que, por un mal sueño, llegó el día donde Jesús dijera adiós a todo cuanto se creara.

Triana fue la banda sonora de mi infancia y juventud, la que en casa mi padre escuchaba en aquellos vinilos que solo cambiaba por los de Los Romeros de la Puebla y se mezclaba Todo es de color o Tu frialdad con aquellos Suspiros de mujer o viva mi Andalucía, viva mi pueblo entre otros.

Dicen que nadie es profeta en su tierra, Triana tampoco.  Jesús y Tele, descansan en Villaviciosa de Odón y en nuestra ciudad una triste calle y una placa solo al primero de ellos. Como si nuestra ciudad no tuviera que darle a Triana, el monumento que se merecen.

Descansa en paz Eduardo y ahora permítanme cerrar los ojos, escuchar a Triana y sentir una vez más, que la guitarra a la mañana le habló de libertad.